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  • Para tener claridad sobre como las variables de proceso se relacionan con las válvulas de control es necesario recordar los aspectos básicos de un lazo de control.  Un lazo de control básicamente es un sistema cerrado[1], en el que convergen en su estructura más básica 4 elementos: Controlador, dispositivo de control, el proceso y el dispositivo de medición (Fig 1).

    Lo que allí ocurre es un bucle: el dispositivo de medición envía una lectura del proceso al controlador, este, de acuerdo a la programación establecida emite una señal de salida hacia el dispositivo de control buscando modificar el proceso, que a su vez es nuevamente es “leído” por el dispositivo de medición y empieza un nuevo ciclo. Esta especie de circuito se repite hasta que el proceso cumpla con las condiciones establecidas por el controlador.  Un ejemplo sencillo de un lazo de control puede ser el llenado de un tanque de agua: El instrumento de medición puede ser un indicador de nivel que está enviando su señal de lectura al controlador; de acuerdo al rango de nivel establecido el controlador va a enviar señales al dispositivo de control (válvula) para que permita o impida el paso de agua y así mantener el nivel requerido.

    Para que el proceso sea controlado adecuadamente es fundamental identificar cual o cuales son las variables principales. Vale la pena mencionar que cada proceso productivo es único y para cada cual puede aplicar una o más variables diferentes. Muchas veces los procesos tienen variables principales como la presión, la temperatura, el caudal; pero para otros procesos la variable principal puede ser la humedad, la viscosidad, el PH, entre muchos otros aspectos.

    Una vez identificada la o las variables principales es responsabilidad de la persona que programa el controlador, hacer una adecuada interpretación de los valores, determinar con claridad los rangos de operación, identificar los datos máximos y mínimos de las variables, así como también los posibles riesgos en caso de exceder alguno de esos límites.  Una vez integrada toda esa información, el controlador será capaz de enviar señales precisas a los dispositivos de control (válvula de control).

    Como se mencionó anteriormente, la válvula de control (Fig. 2) es el elemento que interviene activamente en el proceso.

    Una válvula de control se compone básicamente del cuerpo de válvula (por lo general la configuración es tipo globo), y el actuador que puede ser neumático o eléctrico. La principal característica de estas válvulas es que los desplazamientos de apertura y cierre son bastante finos y consecuentemente el control que se le da al fluido es muy preciso. Sin embargo, como todo elemento mecánico, estas válvulas son susceptibles a desajustes, deterioros o daños internos.  Una manera de subsanar o por lo menos identificar este tipo de daños es aumentar la confiabilidad de la válvula adicionando un posicionador.  El posicionador es un elemento que identifica la posición exacta del vástago es decir el punto de apertura de la válvula y devuelve esta lectura al controlador. De esta manera además de la señal de apertura o cierre que el controlador emite, este también recibe una retroalimentación de la posición real de apertura y puede entonces corregir la orden inmediatamente.

    A primera vista parece un poco engorroso todo el tema de las válvulas de control y las variables de proceso, sin embargo, conforme se entiende su operación y sobretodo se identifica la optimización de los procesos prácticamente se vuelven elementos indispensables en el mejoramiento de tiempos de producción, aumento de calidad y ahorro de dinero.


    [1] Se debe tener en cuenta que también existen lazos de control abiertos, sin embargo, no son el motivo del presente texto.
    Dpto. Ingeniería Sifer S.A

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