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  • Los responsables financieros de una empresa, para sus cálculos contables, fiscales y administrativos en general, necesitan conocer una información estrictamente técnica: la vida útil de una instalación. En ocasiones se requiere este dato para una planta que se está proyectando, y en otras, para poder valorar adecuadamente el valor que se da a los activos. Muy a menudo se indica, para una gran variedad de instalaciones, que la vida útil es de 25, 30 o 35 años, y la verdad, la respuesta no puede ser más desacertada.

    Tiene sentido hablar, en cambio, de la vida útil de cada uno de los equipos que componen una instalación. Los equipos alcanzan el final de su vida útil, es decir, se vuelven obsoletos, por diversas razones: porque se encuentran en mal estado (obsolencia por degradación), porque son inhábiles para la función que se pretende (obsolencia por error de diseño o falta de adecuación a las condiciones de trabajo), porque no es posible abastecerse de repuestos (obsolencia provocada por el fabricante, que ha descontinuado el modelo o porque directamente el fabricante ha desaparecido) o porque ha habido avances tecnológicos que han puesto en el mercado equipos con mejores prestaciones o simplemente con un mejor rendimiento (obsolencia tecnológica).

     

    El problema consiste, para cada equipo que compone la instalación, en determinar en qué periodo de tiempo sucederá esa obsolencia. Una vez que un equipo es obsoleto, debe haber un plan para reemplazarlo, ya que la obsolencia lleva implícito, por un lado, que no rentable seguir explotándolo, y por otro, que ha perdido todo su valor (y por tanto el valor actualizado debe ser considerado como cero o valor de chatarra).

    De una forma general, y con la intención de dar respuesta rápida a la pregunta reformulada que no es ya cuál es la vida útil de una planta, sino cual es la vida útil de los equipos que la componen, pueden realizarse las siguientes estimaciones:

    • Los equipos mecánicos rotativos bien diseñados que se adapten bien a las condiciones de trabajo y que han tenido una operación y un mantenimiento adecuado suelen alcanzar el final de su vida útil tras 15 años de servicio.
    • Los equipos estáticos que no sufren grandes cambios de temperatura suelen alcanzar el final de su vida tras 30 años de servicio.
    • Los equipos estáticos relacionados con procesos de combustión o de intercambio de calor (hornos, calderas o intercambiadores) suelen alcanzar el final de su vida útil tras 15 años de servicio.
    • Los equipos eléctricos de alta y media tensión suelen alcanzar el final de su vida tras 30 años de servicio, a pesar de sufrir obsolescencia tecnológica.
    • Los equipos electrónicos, relacionados con la instrumentación o con el control, suelen alcanzar el final de su vida útil más temprano, en torno a los 10 años de servicio.
    • Los equipos informáticos, apenas alcanzan 5 años de servicio, y se sustituyen por obsolescencia tecnológica.
    • Los vehículos, suelen alcanzar el final de su vida útil tras 10 años de servicio.
    • Los medios de elevación al contener una mezcla de equipos rotativos y equipos estáticos, pueden alcanzar los 20 años.
    • Los equipos de comunicación, apenas alcanzan los dos años.

     

    Pero una planta industrial, conjunto de todos los equipos que la componen, no se queda obsoleta de la misma forma. Si se reemplazan periódicamente los equipos que han alcanzado el final de su vida útil, la vida de un planta industrial es virtualmente infinita. Para ello, solo hay que tener una precaución: tener un plan establecido para reponer los equipos que han alcanzado el final de su vida útil, es decir, para reponer los equipos obsoletos.

    De forma muy general sujeto a muchas excepciones y matices, puede afirmarse que una planta industrial que no tenga errores graves de diseño y que haya estado operada y mantenida de forma adecuada requiere cada 10 años de una inversión del entorno del 10% del coste inicial actualizado (coste de reposición actualizado de los equipos que la componen) para reemplazar los equipos que han quedado obsoletos. Puede invertirse ese 10% cada 10 años, un 5% cada 5 años, o cualquier cifra y periodo equivalente que conserve esa relación. Esta cantidad puede verse aumentada si hay errores de diseño (con lo que habrá que invertir la cantidad necesaria para corregir dichos errores), que la operación no haya sido suficientemente cuidadosa o que la política de mantenimiento haya sido inadecuada, por lo que los equipos pueden encontrarse en un estado peor que el que corresponde a su edad. En todos estos casos hay que añadir cantidades adicionales, que pueden llegar incluso a tener que invertir hasta el 20% cada 10 años.

     

    Tomado de: http://www.reporteroindustrial.com





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